La medianía…

LA MEDIANÍA
Cuento de Ramiro Arredondo-Hernández

Yacían, dando impresión de descansar en aquella medianía arenosa. Sus miradas parecían congeladas en aquel armatoste que, mecido por el viento, colgaba del cable de acero. Eran los que, el día anterior, llegaran a este paraje del río y que, tras aburrirse, decidieran trepar al aparato. Desataron amarras y la canastilla zumbó, arrancándoles un grito de alegría, pero en cuanto llegó a aquella medianía, paulatina, disminuyó su carrera hasta quedar estática a mitad del cable de acero, sobre un lecho pedregoso…

Miraron el prolongado trecho recorrido desde el paredón y cómo habían quedado varados, a diez metros por encima de aquel pedregal. Ahora, tendrían que regresar subiendo la pendiente del cable, por lo que José buscó la palanca para recorrer la canastilla, pero no la encontró. Rieron intentando tranquilizarse y decidieron remontar palmo a palmo aquel cable, tirando los tres a mano, pero varios minutos más tarde un ardor en los dedos les obligó a soltarlo, retornando la canastilla a aquella medianía, convertida en maldición…

Balanceados por el viento de la tarde, les dio las siete. Pardeaba, cuando entre una polvareda, allá a lo lejos, vieron venir a un ranchero al trote de mula. Le gritaron agitando los brazos, le chiflaron de mil maneras. Pero aquel campesino pensó que, los de la canastilla se divertían, por lo que los saludó sonriente, levantando un pulgar en señal de aprobación, para luego perderse camino abajo entre una nubecilla de polvo. Así se les fugó el ocaso tras de medio día, sin poder remontar aquel cable. Y los sorprendió la noche pernoctando en aquella medianía…

Velaron, con un ojo al gato y otro al garabato, entre la negrura y una sensación de volar que les hacía crisparse a la armazón, temerosos de ese pedregal que les esperaba debajo. Y así estuvieron hasta el alba, a la espera de cuál se descolgaría para ir por ayuda, o de perdida conseguir una soga para bajar a los otros dos. Luego de echar suertes, le tocó a José, quien pidió que le recorrieran la canastilla hasta un colchón de arena, entre el pedregal, que atenuaría el porrazo. Enseguida probó colgándose bajo el armatoste, pero el vértigo le convenció que tanta altura, le mataría…

Pedro propuso que, con Juan, harían una escala humana, como la del circo chino, y sujetos de manos y pies, acortarían la caída de José. Juan se sujetó con sus rodillas de una barra, quedando cabeza abajo, y extendiendo los brazos tanteó cuánto habría entre sus manos y el arenal. Pedro se descolgó de Juan, hasta quedar ambos agarrados de las manos. La leve sacudida de la canastilla, avisó a José, que él seguía. Juan pujaba pero sin ceder y entre gestos, apremiaba al último para que se apurara a deslizarse y soltarse sobre el parche de arena…

Asustado José estimó que, aún quedarían cuando menos seis metros, por lo que dudó en soltarse. Los ligamentos de Pedro y de Juan estaban como cuerdas de violín, arrancándoles apagados lamentos. José miró la cara invertida de Juan quien gesticulaba apurándolo. Escuchó un rechinido proveniente de los hombros de Pedro, que con rictus doloroso urgió que se soltara, pero José se había aferrado a aquellos sudorosos tobillos. De repente, se resbaló, zarandeando la agotada escala humana. La caída sobre el arenal fue absorbida por el cuerpo joven y flexible de José…

Sentado y sonriendo, medio mareado, quiso compartir el éxito de la maniobra con los de arriba. Cuando estaba a punto de voltear la cabeza hacia la canastilla, sintió sobre el cráneo un golpe sordo, al que siguió otro aún más contundente. Después del mediodía, la policía rural los encontró ahí, desmadejados y muertos, boca arriba, sobre aquella playita entre el pedregal. Sus miradas, veladas por la muerte, habían quedado congeladas en ese armatoste que mecido por el viento, pendía del cable de acero, rechinando, sobre aquella medianía en el río…

Un pueblo siempre dispuesto…

UN PUEBLO SIEMPRE DISPUESTO…
Cuento de Ramiro Arredondo-Hernández

Poco antes de la conquista, el emperador Chavatzin Primero asumiría el Aztatlán que le había heredado en bancarrota su manirroto antecesor, Iguanotzin. Y es que el maíz escaseaba mientras la población aztatleca aumentaba como conejera y todos exigían empleo, lugares de esparcimiento, vivienda y servicios públicos, no faltando también los que deseaban alguna aviaduría. Pero lo peor del imperio esa ese creciente mierdero que amenazaba con atascarlo todo. Porque no había calle ni jardín ni arroyo atestado de aquella sustancia, pegadiza e infausta, cuyo hedor aquejaba al por parejo a aquellos que lograban escapar de esos criminales resbalones que convertían los güipiles, antes blancos, en lienzos cargados de tonalidades achocolatadas…

No aguantando más, Chavatzin pondría a sus indios a trabajar para resolver tan delicado problemilla amenazando que, si no se movían, entregaría a los que fallaran a los Tamarindios, quienes los devorarían en un perol con salsa de chiluk-pikuk. Esa noche la velaron buscando qué hacer con el nauseabundo subproducto social. Amaneciendo, un tal Nachasguatzin convocaría a un consejo que presidiría el cortesano Atolitzin, representando al poderoso Clan del Alcahuetl, ante los tlatoanis de la Gran Nopalera. En esa asamblea se propondría industrializar el producto de tanto indio cagón, ordenándose a los escribas poner en amate, una convocatoria…

Así nacería el anteproyecto que vendría poniendo a Aztatlán como la cultura más limpia y avanzada del continente, aunque todo mundo supiera que Chavatzin buscaba quedarse con buena parte del presupuesto. Y adjudicaron contrato a la Enmbiroti que de inmediato construyó una enorme planta industrial, que produjo un material novedoso llamado “cacaseca”. Esta sustancia, fácil de moldear y presuntamente inerte, se acumularía en los patios de la Enmbiroti, formándose grandes montañas, por lo que el gerente urgió a los del Clan del Alcahuetl, para que le buscaran aplicaciones al nuevo material, detonándose una entusiasta lluvia de propuestas…

Alguien por ahí sugirió que sustituyeran con cacaseca al hule en la fabricación de las bolas del Ritual de la Pelota, lo que sin duda las abarataría incentivándose este deporte por todo el continente. Debido a estas novedosas pelotas de cacaseca, podrían darse importantes encuentros entre incas y quechuas, mayas y toltecas, Olmecas y zapotecas, así como tlacalolos y mudangos, o entre tamarindios y aztatlanes. Chavatzin se entusiasmó ante la perspectiva de imponentes partidos interculturales, jugados con pelotillas de cacaseca. Por su parte, el delicado Atolitzin, plantearía que se reemplazara el barro fino por cacaseca, en la producción de vajillas y jarrones, así como en aquellos tazones ceremoniales, para la unción del atole con el dedo…

Pronto se modelarían colosales peroles para los de Xiutla, que gozaban guisando vivos a sus prisioneros. Por su parte Chavatzin oficializaría las bondades de la cacaseca en la alfarería, cuando una vez moldeada y horneada adoptaba una hermosa gama de bellos y saludables tonos, que van desde el ocre pálido hasta esa terracota oscura, tan familiar en la vestimenta de la corte. Pronto, el refinado Atolitzin propondría que se exportara la nueva cerámica a las ciudades de la Triple Alianza donde, en Tenochtitlan, sería la delicia del Gran Wei Moctecuzoma y sus tlatoanis. Allí los cortesanos al por parejo gozarían del sazón y buen gusto que aporta a bebidas y comidas, esta revolucionaria línea de alfarería…

Nachasguatzin, animaría al emperador para que decretara que la nueva cerámica portara con orgullo las leyendas de “Hecha por Aztatlanes” y “Producto de Origen” así como “Cacaseca Fina”. No tardaría mucho en instituirse el Consejo Regulador de la Cacaseca (CRC) que obligaría a los procesadores del material, a ajustarse a la norma. Por su parte, Chavatzin preguntó si, con cacaseca, podrían construirse grandes desarrollos habitacionales para abatir el rezago de la vivienda. Su ministro de Obras Públicas, quedó sorprendido cuando al mezclarse con grava y arena, la cacaseca superaba la fortaleza del concreto, punto y aparte de que su acabado era terso y de un café natural, propio de fachadas de gran elegancia…

Así terminarían cambiándole nombre a Obras Públicas por el de Cacasecas Públicas. Todo cuando cierto funcionario saliera con la puntada de que, podrían adoquinarse avenidas y parques imperiales, con resistentes baldosas de cacaseca. Aparte de ser el imperio mejor pavimentado del mundo, Aztatlán contaba con grandes acueductos elaborados con cacaseca, para traer el vital líquido desde las montañas de Mazacoatla. Ahora los techos se hacían con cacaseca reforzada aprovechando la impermeabilidad del material. Entre esta bonanza, Chavatzin Primero convocaría a todas las culturas al Primer Juego Continental de Pelota Cacaseca, con sede en Aztatlán, dándose cita alrededor de 100,000 asistentes que congestionarían las vialidades imperiales, durante este magno evento…

Al iniciarse este torneo, una ola de calor anunció el arribo de los temporales. Pero restándole atención al clima, los jugadores enloquecieron a los fanáticos, con giros espectaculares y un rabioso rebote, de aquellas zumbadoras pelotas de cacaseca. Y jugaron pasionalmente aún a sabiendas que los ganadores, tendrían el honor de ser sacrificados a la diosa Tetl, deidad montada en el venado del rabo rugidor, para luego ser devorados por los asistentes. Cuando alguna pelotilla se despedazaba entre el fragor, los jugadores celebraban arrojándose mutuamente los fragmentos en la cara. Terminando jornada, la concurrencia se llevaba bastantes trozos de cacaseca para obsequiarlas como recuerdos…

Otros, las compraban para practicar en sus lugares de origen, el vigoroso deporte. Por eso era común oírlos, alegres, ensayando rebotes en las posadas, entretenidos con sus amigos. El Chayote Libre publicaría que, la Enmbiroti construiría una planta galletera, que aprovecharía a la nutritiva cacaseca ahorrándole al Imperio Aztatlán una enorme fortuna en maíz. El Iguana de la Bahía criticaría el retraso en la entrega de los nuevos complejos habitacionales, alegando los constructores que la demora se debía a un gran desfalco de cacaseca. El Merichano narraría la detención de un par, al que agarraran con las manos en la masa llenando chiquigüites con cacaseca, y fueran apresados por los de Xiutla…

Otra nota en el mismo diario, diría de la intención de cocinar a estos ladrones durante las fiestas patronales de la diosa Tetl, sí, la del venado del rabo rugidor. Pero al día siguiente llegó la primera tormenta empezándose a notar ciertas cosillas, que nadie explicaba con certeza. Los juegos de pelota cacaseca se hicieron lentos y difíciles, cuando los jugadores se quejaran de lo resbaloso de las ahora pegajosas pelotillas. Ese mismo día uno de los más ávidos jugadores, un maya, terminó con el coxis roto tras patinar sobre una correosa pelota. Mientras, en Tenochtitlan los tlatoanis de Moctecuzoma estaban melancólicos ante cierto olorcillo emanado por las finas vajillas procedentes de Aztatlán…

Para acabarla, luego que pegara el huracán Xochitln, le avisaron a Chavatzin que, todo lo construido con cacaseca se había venido abajo, entre grandes montones de escombros pegajosos. Todo olió y tuvo el color de mierda, cuando finalmente era pura mierda. El emperador montó una comisión para deshacerse de tan hediondos despojos, sugiriendo sabiamente, que los llevaran al norte del Amekatl. Pero los indios ladinos de Xiutla, en lugar de mostrarse agradecidos apresaron a los portadores convocando a una gran fiesta donde comerían a los enviados de Chavatzin, con chiluk-pikuk…

Ante tal circunstancia el pueblo Aztatlán se solidarizó con su emperador recogiendo los remanentes de cacaseca, escondiéndolos bajo los petates, los metates, debajo del fogón o entre la milpa. Donde se pudo meter, se metió, hasta que el asunto quedó olvidado. Debido a esto, hoy, existe cierto olorcillo que nos pone melancólicos obligándonos a revisar nuestro calzado. Es un aromilla, que parece haber impregnado nuestra cultura. Una gloriosa civilización, que nos ha hecho deportivos e ingeniosos, un pueblo siempre dispuesto a meterle la mierda a los vecinos…

La amatista

LA AMATISTA
Cuento de Ramiro Arredondo-Hernández
E-mail plumadesalva@yahoo.com
Puerto Vallarta Jalisco

La detonación espantó una zanatera que entintaría aquel, ya de por sí negro, nubarrón que se desmadejaría en una insólita nevada. Ahí, recargado tras de una parota, Taurómaco, El Maldito, agonizaba sintiendo cómo aquellas astillas de amatista, le tasajearan el cuerpo. En el umbral de la muerte le había revivido la memoria, porque se miró despidiéndose de su mujer, esa madrugada en que saliera al Real del Alto, donde ofrecería una manda a la Virgen del Rosario, para que los sacara de la miseria. Así, dejó su jacal, esperanzado, atravesando el poblado de Ixtapa hasta agarrar monte, rumbo a la serranía…

Poco antes de la medianoche arribaría al Santuario de Hostotipac, donde luego de prenderle cirios a la Señora del Real del Alto, saldría del templo atravesando el atrio, para tocar en la puerta de don Melquíades, el cuidandero de aquel paraje. El viejo se asomó con una cachimba. Tras de saludarlo, Taurómaco le pidió de favor, que lo dejara pasar noche en el corredor de su casa. Sonriente, el anciano le dio permiso no sin antes ofrecerle un café para el frío a un Taurómaco, que había quedado cautivado por la enorme amatista que colgaba del cuello de don Melquíades. Fue entonces que Taurómaco, reconoció con quién se alojaba…

Aquel viejo era ese conocido hechicero que, según contaban, poseía una gran amatista, un asombroso colmillo de cuarzo violáceo que aparte de morder, tenía el poder de cambiar el clima. Por eso, mal amaneciendo, y un gentío ya se apretujaba en el pasillo donde Taurómaco pasara noche. Esperaban que don Melquíades saliera a oírlos. Había los que rogaban por lluvia, mientras otros, porque parara diluvios. Y don Melquíades atendió a todos orando mientras que, desde su amatista brotaban refulgentes destellos morados. Para cuando el zahorí terminó su ritual, la mirada avariciosa de Taurómaco estaba atrapada en aquella portentosa gema de cuarzo, cosa que notaría don Melquíades…

“Varios quisieron robármela, topándose con esto…” dijo el viejo sonriente, blandiendo su bastón de otate. “Cuando les atizo tras las orejas, ya no ansían mi amatista…” Agregó, divertido, el anciano. Luego de invitar a Taurómaco algunos frijoles con chilmole y gordas, don Melquíades se retiró a un rincón, para seguir rezando. Mientras, Taurómaco dijo se prepararía para bajar la sierra, aunque la verdad, ya traía el demonio clavado. Luego que la codicia le fundiera los sesos, Taurómaco pretextaría visitar La Bufa, dilapidando allá el día para ya empezando a caer la noche, desandar camino hasta la casa del hechicero…

Tras ocultarse el sol, Hostotipac, el Real del Alto, quedó como boca de lobo salvo por unos fulgores que fugados de la casa de don Melquíades, pintaban luminiscencias lilas en el frontis del Santuario. Taurómaco se asomó y vio aquella gema relumbrando intensamente sobre el pecho del viejo, que oraba sin prestarle mayor atención al mundo. Luego de confirmar que no había testigos, Taurómaco desnudó su puñal y por la espalda, degolló a don Melquíades de un solo tajo. No bien moría el anciano cuando de un tirón, su asesino, le arrancó del cuello aquella amatista, misma que si antes brillara como un sol candente, ahora de repente, se iba oscureciendo hasta tornarse en un vidrio gris y opaco…

Una ráfaga helada sacudió al Santuario, con un frío que le cuajaba la sangre en las venas. Taurómaco sabría que aquella ventisca brotaba desde sus propias entrañas, y la causante era esa amatista ensangrentada, que él mismo se había atado al cuello. Aterrorizado intentó removerla, pero sus dedos se congelaron al contacto con aquel cuarzo. Así aterido bajaría dando tumbos de la sierra, esperanzado que alguien abajo le ayudaría a desprenderse de la amatista. Recorrió senderos seguido por un gélido ventarrón, necio en derribarlo y que, endemoniado, arrancaba lúgubres gemidos a pinares y encinas de las montañas…

Una escarcha pegajosa estorbo la huida de un Taurómaco, que avanzaba tan despacio, que no tardó en mirar cómo las noticias del Real del Alto, pasaran volándole por encima. Congelado, vio aquellas voces brincar de cerro a cerro, informando a todos lo sucedido, allá arriba en Hostotipac. Ahora hasta los perros y árboles sabían que Taurómaco, estaba maldito por la piedra que muerde. Para colmos, un misterioso y negro nubarrón, visible desde la distancia, delataba el paradero del asesino. Por eso, la gente del campo al divisar aquella nube prieta decía “cuídense, porque por ahí anda suelto el maldito que mató a don Melquíades…”

Taurómaco huiría quizás diez leguas, cuando lo cazó la sed. Pero al pretender saciarla, arroyos, charcos y aguajes, se helaron antes que pudiera humedecer sus labios. Por eso llegando a La Palma Cuata, Taurómaco ya venía casi muerto de sed. Alrededor de las ocho de la noche, puso una fogata en las afueras de Ixtapa, bajo una parota. Esperaba, inútilmente, que la lumbre licuara el granizo que le estrangulaba la garganta. Luego que el fuego no le calentara, desesperado irrumpió en una cantina suponiendo que un buen mezcal le aliviaría la sed, calentándole de paso el alma. Y botella en mano, regresó a su hoguera debajo del arbolón…

Una historia sobre fascismo…

PLUMA DE SALVA ®
UNA HISTORIA DE FASCISMO…
Ramiro Arredondo-Hernández
E-mail plumadesalva@yahoo.com
Puerto Vallarta Jalisco

Kitty Werthmann, fue testigo de la historia cuando puede dar fe de que Adolfo Hitler no tomara a Austria por la fuerza de las armas, decir que utilizó tanques sería distorsionar las cosas. Según esta escritora, los austríacos eligieron a Hitler por una aplastante mayoría del 98% de votos, circunstancia que nunca han mencionado las publicaciones americanas. La prensa yanqui hizo creer que Hitler entró con sus tanques arrollando a Austria, lo cual nunca ocurrió así. Verán, en 1938 Austria sufría una profunda depresión económica donde casi la tercera parte de la fuerza laboral quedó desempleada, había una inflación del 25% y la banca se había vuelto usurera…

A diario gente de campo y comerciantes se declaraban en bancarrota. Los jóvenes deambulaban de casa en casa rogando por comida y no era porque no quisieran trabajar, sino porque simplemente no había empleos. La mamá de Kitty, una buena cristiana, se dedicó a ayudar a los necesitados por lo que cada día, en su casa se cocinaba una gran olla de sopa y se horneaba pan para alimentar esa gente pobre y hambrienta que se nos acercaba, alrededor de treinta personas. En ese tiempo los partidos, Comunista y el Nacional Socialista, peleaban mutuamente provocando que manzanas en ciudades como Viena, Linz y Graz, resultaran destruidas por los altercados…

La gente se desesperó y pidió que el gobierno les permitiera decidir qué clase de política querían. Fue entonces que miraron hacia el vecino del norte, Alemania, donde Hitler mantenía el poder desde 1933. Les habían dicho que allá no había desempleo ni crímenes y que se gozaba de un alto nivel de vida. Sin embargo nunca les mencionaron de ninguna persecución contra judíos ni otros grupos. Simplemente se encaminaron a creer que allá todo mundo era feliz y que ellos querían este mismo estilo de vida para los austríacos. Les prometieron que si votaban por Hitler significaría el final del desempleo y de las familias necesitadas…

Por su parte Hitler les dijo que fomentaría los negocios y que la gente de campo podría recuperar sus tierras, por eso 98% del electorado votó porque se anexara Austria a Alemania para tener a Hitler como su único mandatario. Los austríacos rebozaron de gozo y durante tres días celebraron bailando en las calles haciendo alegres desfiles nocturnos iluminados con velas de esperanza. El nuevo gobierno inauguró grandes cocinas ambulatorias donde todo mundo pudo comer. Tras las elecciones se seleccionaron sólo funcionarios alemanes y como por milagro tuvieron ley y orden. Tres o cuatro semanas más tarde todos contaban con empleos cuando el gobierno creara un servicio público del trabajo…

Hitler decidió que habría igualdad de derechos para las mujeres cuando antes, fuera costumbre que la austríaca casada no podía trabajar fuera de casa. Por tanto un marido que no podía sostener su familia era menospreciado. Muchas damas encarriladas como educadoras estaban encantadas cuando ahora podían recuperar esos trabajos que tuvieran que abandonar luego de casarse. Pero Hitler no tardaría en poner sus miras en las escuelas y en eliminar la instrucción religiosa para la infancia luego que la educación fuera nacionalizada, cuando los austríacos eran predominantemente católicos y se impartía religión en las aulas…

El día en que Hitler resultó electo, un 13 de marzo de 1938, al entrar Kitty a su salón de clases encontró que el crucifijo ya había sido reemplazado por un retrato de Hitler, al lado de una bandera con una suástica. Su maestra, una mujer muy devota, anunció con severidad que no habría oraciones ni se trataría ya más de religión. Todos tendrían que cantar el himno “Deutschland, Deutschland, Uber Alles,” antes de la educación física. El domingo se convirtió en el Día de la Juventud Nacional y había que celebrarse de manera obligatoria, aunque los padres de familia no estuvieran contentos con este súbito viraje de costumbres…

Les habían advertido que si no enviaban a sus jóvenes recibirían un oficio precautorio la primera ocasión porque la segunda, serían multados con el equivalente de 300dólares y la tercera, irían a la cárcel. Ese domingo las primeras dos horas estaban dedicadas al adoctrinamiento político y el resto del día, al deporte. Conforme el tiempo pasó, los austríacos estaban encantados con tanta diversión y cuando el equipamiento deportivo era gratuito. Los jóvenes regresaban a casa contentos contándoles a sus padres el día maravilloso que gozaran. Pero la mamá de Kitty estaba muy descontenta por lo que terminó sacando a su hija de la escuela para ponerla en un convento…

Kitty le dijo que no podía hacerlo, a lo que le contestó que algún día ya que creciera, le estaría agradecida. Ya en el convento la vida de Kitty dejó de ser divertida al no contar con deportes ni adoctrinamiento político. Por eso al principio detestó su nueva circunstancia pero al paso de los días terminó tolerándola cuando allá a la larga, en días feriados, podía irse a casa. Entonces visitaba viejos amigos a los que preguntaba qué hacían y cómo les iba. Las respuestas alarmaron a Kitty cuando al vivir sin religión las madres solteras eran glorificadas por los nazis. Extrañó a Kitty el que la moral social cambiara tan súbitamente…

Para 1939 la Segunda Guerra comenzaba y se establecía un banco de comida al tiempo en que ésta era racionada y sólo podía conseguirse mediante cupones. Simultáneamente, se autorizaba una nueva ley laboral implicando que, quien no trabajara no tendría su tarjeta de raciones y si un austríaco no contaba con este documento, estaba condenado a morir de hambre. Las mujeres en casa asistiendo a sus familias, al carecer de aptitudes tenían que aceptar trabajos propios para un hombre. Pronto se instituyó el reclutamiento levando a jóvenes hombres y mujeres, para regalar al gobierno un año de trabajo en congregaciones laborales…

Durante el día las muchachas trabajaban en granjas para regresar de noche a las barracas a recibir instrucción militar al igual que los muchachos. Fueron entrenados como artilleras antiaéreas y participaban en transmisiones. Por tanto al finalizar ese año de trabajo no eran dadas de alta sino que fueron enviadas al frente. Por eso hoy cuando Kitty regresa a Austria a visitar familia y amigos, muchas de esas mujeres manifiestan daños emocionales porque no estuvieron preparadas para enfrentarse a los horrores de la guerra. Baste citar que tres meses antes de cumplir los 18, Kitty resultó gravemente herida durante un ataque aéreo cuando por poco terminan amputándole una pierna…

Por su parte cuando las madres tuvieron que incorporarse a la fuerza de trabajo, Hitler estableció una red de guarderías donde podían llevar a los niños y dejarlos ahí las 24horas los 7días de la semana, al cuidado del gobierno. Así el estado nazi cuidó a toda una generación de infantes bajo el ojo entrenado de psicólogos. Ya para entonces ningún austríaco ni austríaca hablaban de equidad de género cuando sabían que los habían sometido al por parejo. Porque antes de Hitler Austria contaba con buena atención médica y muchos doctores americanos iban a estudiar a la Universidad de Viena. Con Hitler la salud terminaría socializándose, haciéndose gratuita para todos…

Y como los médicos eran asalariados por el gobierno ahora el problema fue que, siendo gratuita la atención médica, la gente iba al doctor por cualquier cosa. Así cuando un médico llegaba al consultorio alrededor de las 8AM, ya había 40 esperándole y los hospitales estaban atestados. Si alguien necesitaba cirugía tendría que esperar de uno a dos años para alcanzar su turno. Dejó de haber recursos para la investigación cuando todo el presupuesto iba a parar a la medicina socializada. Por eso la investigación paró en las escuelas de medicina, cuando los mejores médicos de Austria emigraron hacia otros países…

A estas alturas los austríacos pagaban el 80% de sus salarios en impuestos. Los recién casados recibían de inmediato un préstamo del gobierno equivalente a mil dólares para que se establecieran. Los austríacos contaban con generosos programas para grandes familias aparte de esas guarderías y escuelas gratuitas. Las secundarias fueron oficializadas en internados subsidiados por el gobierno, al tiempo que todos podían conseguir mientras trabajaran o estudiaran, cupones para comida, ropa y alojamiento, gratuitos. Se había creado una agencia especial para monitorear los negocios. El cuñado de Kitty tenía un restorán con mesas cuadrada que los funcionarios gubernamentales obligaran a cambiar por redondas, alegando que los comensales podían lastimarse con las esquinas…

Luego le señalaron que debía tener más sanitaros a pesar de que se trataba de un negocio de bocadillos. Al no poder cumplir con tantas obligaciones, tuvo que cerrar. Así por esta sobre regulación acabaron muchos pequeños negocios cuando el gobierno se metía en todo, desde dónde comprar y hasta qué adquirir, de tal manera que la libre empresa terminó abolida. También había una agencia dedicada al fomento agropecuario, y sus agentes iban a las granjas a contar el ganado y para indicarle al campesinado qué producir y cómo producirlo. Para 1944 Kitty ya era una educadora en una villita cercana a los Alpes…

Los aldeanos vivían rodeados de montañas cuyos pasos se cerraban por la nieve invernal, aislándolos. Por consecuencia la gente se casaba entre parientes dando por resultado el nacimiento de retrasados mentales. Cuando Kitty llegó le dijeron que había 15 retardados adultos mismos que eran muy útiles y hacían buen trabajo manual. Ella conoció muy bien a uno en particular, un tal Vincent, que trabajaba como mozo en la escuela. Un mal día, Kitty miró por la ventana cómo Vincent y otros eran trepados en un camión. Preguntó a dónde los llevaban y le dijeron que a una institución del Departamento Estatal de Salud donde les enseñarían un oficio aparte de leer y escribir…

Sus familiares fueron obligados a firmar unos documentos donde se comprometían a no visitarlos por seis meses, alegando que las visitas interferían con el programa provocando que los retrasados echaran de menos sus casas. Pero conforme los meses pasaron, llegaron noticias indicando que los retardados habían fallecido por una muerte natural y piadosa. Los aldeanos no se dieron por engañados cuando ya sospechaban lo que estaba ocurriendo, cuando aquellos pobres contaran con buena salud y todos habían muerto antes de los seis meses: a esto le llamarían en lo subsecuente, eutanasia…

Vino entonces el registro de armas alegando que mucha gente resultaba herida por pistolas. Hitler dio que la manera para atrapar criminales era mediante la identificación y serie de las armas. Así muchos ciudadanos respetuosos de la ley se dirigieron a las estaciones de policía para registrar sus armas, y no mucho después la misma policía les indicó que lo mejor era que depusieran esos armamentos cuando sabía en manos de quiénes estaban. También se terminó la libertad de expresión y nadie pudo ya decir nada en contra del gobierno siendo muchos los arrestados. Ahora aprehendían no sólo a judíos sino también a gitanos, curas y a masones, que se expresaban contra el régimen…

Así le tomaría al totalitarismo alrededor de 5 años entre 1938 a 1943 para consolidar una dictadura en Austria. De haberse dado esto de la noche a la mañana, los paisanos hubieran peleado hasta morir, pero la dictadura entro de manera gradual infectándolo todo. Ahora las armas de los austríacos no pasaban de ser sino mangos de escoba, cuando poco a poco se habían erosionado todas las libertades. Sería luego de la Segunda Guerra en que las tropas rusas ocuparan Austria y las mujeres resultaran violadas, desde adolescentes hasta ancianas. Y si Uds. revisan la historia, ahí no se menciona esta circunstancia…

Cuando los soviéticos abandonaron Austria allá en 1955, se llevaron lo que pudieron desmantelando fábricas en este proceso. Le metieron serrucho a huertos frutales y lo que no pudieron destruir, lo quemaron. Los austríacos llamaron a esto “La Tierra Quemada”, una época en que casi toda la población hizo barricadas de sus casas, las mujeres se ocultaron durante seis semanas en los sótanos, mientras las tropas rusas se movilizaban. Hoy existe un monumento en Viena dedicado a esas mujeres masacradas por los rusos. Kitty, testigo de este acontecimiento, dice “…en verdad, quienes navegamos frente a la Estatua de la Libertad, llegamos a una nación de libertades y oportunidades…”

“América en verdad es el país más grandioso del mundo… No dejen que las libertades se resbalen… porque después de América no existe ningún otro lugar a donde ir…” Por eso Kitty Werthmann vive fuera de Austria, en una nación donde según Benjamín Franklin, “aquellos que entregan sus libertades esenciales a cambio de un poco de seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad”. Una nación donde Jefferson dijera que, “la democracia cesará de existir cuando a alguien se le ocurra incautar las ganancias de los que trabajan, para entregárselas a aquellos que no lo hacen. Cesará de existir, cuando la gente le tema a sus gobiernos porque, cuando los gobiernos le temen a sus pueblos, reina la libertad…”

A propósito de Cielito Lindo…

PLUMA DE SALVA ®
ESCUADRÓN 201…
Ramiro Arredondo-Hernández
E-mail plumadesalva@yahoo.com
¿Leíste Cielito Lindo, de David Martín del Campo?

Al respecto del 201, leí esto: “Ese mayo de 1942, Bing Crosby apenas grababa ¡Oh, Blanca Navidad!; el ejemplar No. 10 del Capitán Maravilla volaba de los puestos de revistas a diez centavos; la película Casablanca era la 410 de la Warner; los japoneses en Estados Unidos empacaban lo que podían reportándose a sus campos de concentración. Afuera de Miami, un submarino alemán hundía a un petrolero mexicano, luego vendría el hundimiento de otro. Por su neutralidad ante la segunda guerra mundial, México no podía pedir ayuda a los Estados Unidos. Respondiendo a los atentados, enviaría un escuadrón de aviadores a entrenarse con los americanos. La medida fue vista con recelo, por un siglo de arraigada desconfianza contra quienes arrebataran una tercera parte del territorio mexicano. Quizás por eso, los del 201 –una vez recibidos como héroes- pasarían a la historia como guerreros olvidados, mientras su contraparte americana sería llamada –la más grande de las generaciones…”

“El ataque que costó 21 marinos, puso iracundo a Manuel Ávila Camacho. Al mandatario –militar de carrera de origen campesino- le estaban torciendo la mano. México no podría ya mantenerse neutral. Ávila Camacho favorecía a los Estados Unidos, pero sabía que si declaraba esta preferencia tendría un predicamento no solo con el poder legislativo sino con el pueblo mexicano. Por otro lado, él tampoco confiaba plenamente en los norteamericanos, el sospechoso hundimiento de los dos petroleros le ponía en un callejón sin salida. Un predicamento pues, que le llevaría a buscar cómo poner a México de fiel aliado de los Estados Unidos, en la Segunda Guerra Mundial. Como secretario de defensa en el régimen de Lázaro Cárdenas, sabía que si no se comprometía en la lucha, México no sería tomado en cuenta para programas de desarrollo en la posguerra. Por eso –íntimamente- deseaba un pretexto para involucrar al país en la guerra, y el hundimiento de los petroleros era una provocación que no ignorarían los mexicanos. En la Hora Nacional, el presidente detalló por la radio cómo habían sido machacadas las tripulaciones del Faja de Oro y el Potrero del Llano. Nada contuvo a los agresores –tronó Ávila Camacho ante millones de mexicanos reunidos ante sus aparatos…”

“México no contaba con opciones para involucrarse en una guerra de gran escala; las fuerzas armadas contaban con poco más de 48 mil efectivos mal equipados, y existía una enorme deserción. No se contaba con industria bélica ni presupuesto para enviar un contingente a pelear. Ávila, remitió una propuesta que sorprendió al embajador George Messersmith, quien a su vez la hizo llegar a Washington. El diplomático respaldó al presidente mexicano, felicitándolo por ser un líder de avanzada. El documento, que llegó directo al despacho de Franklin Delano Roosevelt, de inmediato recibió el endoso del norteamericano. Ávila Camacho expresaría que –la contribución de aviadores mexicanos no lo era tanto para la actual necesidad de escuadrones aéreos, sino para garantizar la entrada de México al mundo moderno. Tras de un periodo de selección, la Fuerza Aérea Mexicana logró ensamblar un equipo con los mejores aviadores, tanto reservistas como civiles; de una naturaleza tal, que para cuando el escuadrón 201 fue integrado, el DF contaba con un panadero menos, le faltaba un peluquero y uno de sus periodistas, y el ejército echaba de menos a un bodeguero…”

“Todos recibieron orden firmada por el secretario de defensa. Había pilotos como Gallardo, quien había sido internado en San Antonio por su padre –un gobernador- “para que aprendiera inglés”. Por su parte Moreno Arreola –criado por un cura y educado en orfanato- era talentoso pero muy pobre como para ir a universidad, sin una beca. A sus 20, Arreola fue tentado por los dos y medio pesos cada fin de semana, de una escuela militar en la que se enlistó. Se elevó entre la milicia y a los tres años fue seleccionado para el 201. Así, los 36 aviadores y 200 elementos en tierra, entrenarían con equipos y en bases americanas, sin portar insignias otras que las mexicanas, y sujetos solo a las leyes de México administradas por sus comandantes –nunca por autoridades americanas. Sin embargo, el proyecto del Escuadrón había sido puesto en marcha, sin que Ávila Camacho contara con el aval legislativo para enviar a estos hombres a la guerra. Pasarían muchos meses sin que el senado diera su autorización, por lo que el 201 sentía entrenarse para una misión que nunca se llevaría a cabo…”

“El 21 de julio de 1944 Ávila Camacho juramentó al 201, prometiéndoles que la república se haría cargo de sus parientes. También les recordó que tendrían que mantener los mismos niveles que su contraparte americana; deseándoles buena suerte. Tres días después, eran despedidos de Buenavista con Las Golondrinas; el viaje a la frontera que tomaría 10 horas, llevó 36 cuando el tren era detenido frecuentemente por entusiastas y admiradores. Para rematar se encontraron en la divisoria con unos políticos que habían volado desde el DF, dizque para alentarlos. En cuanto el 201 cruzó línea a Laredo Texas, sintió un silencio ensordecedor. Los condujeron a la base Randolph en San Antonio, donde lo dividieron por especialidades, dispersándolo por los Estados Unidos. Los aviadores fueron remitidos al campo Foster cercano a Victoria, a 2 horas y media al sureste de San Antonio. El 201 se sabía participante en una misión de guerra, a la que los mexicanos, poco importaba. Tras del hundimiento, hubo cierto revuelo público, pero fue insuficiente como para apoyar la idea de enviar jóvenes mexicanos a la guerra…”

“Por esto al poco tiempo México había vuelto a sus tendencias nacionalistas, manifestando descontento al percibirse nuestro país como un proveedor de braceros; para el mexicano común la segunda guerra mundial no existía por la sencilla razón de que no involucraba intereses nacionales y por no representar amenazas contra la seguridad del país –salvo la destrucción de los dos buques petroleros. Los del 201 –aislados de los vientos cambiantes de su país- continuaron su adaptación cultural, técnica, y de transición lingüística, en los campos aéreos de Texas entrenando a bordo de sus P-47 prestados por los americanos, quienes ahora preferían al rápido y ligero Mustang P-51. Amantes de la sátira, los mexicanos apodaron “El Jarrón” al bultoso avión; llamándose a sí mismos Águilas Aztecas. Algunos pilotos pintaron a Panchito, el personaje empistolado con sombrero de Disney. El chaparrito Jaime Cenizo, tenía que sentarse sobre tres cojines para asomar la nariz en el parabrisas del avión. Era tan bajito, que cuando apareció en el campo Foster, con su traje de aviador, cargando tres cojines en brazos, sus flacas pantorrillas llamaron la atención. Arreola le dijo que parecía un pato, y se le quedó el mote de El Pato. Cenizo compartía barraca con un regordete Sánchez, al que apodó El Sapo. Otro piloto, Amadeo Castro, le llamaron El Camarón; mientras que un grandote de ojos saltones, le pusieron El Pescado. Jaime Cenizo fue quien colocó a la entrada del barracón un letrero en español que decía “Bienvenido a El Acuario…”

“La mayoría del escuadrón no hablaba inglés, por lo que los americanos les trajeron un sargento bilingüe de Topeka. Superaban la barrera del lenguaje, cuando se enfrentaron con un sórdido racismo. Al llegar a la estación de trenes de Greenville Texas, los recibió un enorme letrero que decía en inglés “Bienvenidos a Greenville Texas, tierra de la más blanca gente”. Al darse cuenta de esto, el comandante americano recorrió las tiendas del poblado exigiendo que removieran los letreros de “no se permite entrada a perros ni a mexicanos”. En ese clima, Sánchez haría lo impensable: se enamoró de una estudiante de 17 años llamada Nancy Hudson. A pesar de que su padre le prohibió verse con el piloto mexicano, el 6 de marzo de 1945 viajaron a Brownsville donde por dos dólares los casaron. Mientras tanto, el senado de la república había autorizado a Ávila Camacho para enviar tropas a batalla en cuanto fuera necesario. La noticia hizo reparar a los pilotos, y El Acuario se llenó de música y cerveza helada. Saldrían a fines de marzo en un viaje de un mes que les llevaría a las Filipinas. Antes de volar, les exigieron escribir una carta en caso de que murieran en acción, con la incomodidad que tendría que ser escrita en inglés, para poder pasar la censura militar…”

“Los aviadores se las vieron negras expresándole sus más íntimos sentimientos a un camarada bilingüe que fielmente los pasaba al inglés. Durante el verano de 1945, fueron efectuadas 59 misiones de combate por 31 pilotos mexicanos. Del primero al 21 de julio, cinco de ellos murieron en batalla. Regresaron a la ciudad de México en noviembre de 1945, siendo recibidos por un Ávila Camacho encabezando un desfile desde la avenida Madero hasta el Zócalo. A pesar del éxito del Escuadrón 201, el siguiente presidente –congruente con la cultura nacionalista- borraría el triunfo de su predecesor. Los políticos estaban temerosos porque la fama alcanzada por los pilotos, amenazara la rígida estructura política mexicana de 1945. Sin embargo, los héroes –verdaderos patriotas- rechazaron criticar a su gobierno por negarles el honor a su sacrificio. Muchos se volvieron pilotos profesionales e instructores; Sánchez –tras dejar la milicia- voló para cuatro presidentes mexicanos. Retirado en su casa del DF, el aviador descolgó una foto mientras tintineaba su vaso de bourbon. El descolorido retrato en blanco y negro, manchado de lágrimas, mostraba la imagen de Sánchez y Nancy Hudson en una nevería de Texas. Sus manos, aparecían entrelazadas, ella inclinada sobre el hombro de él. “Realmente así sucedió” –dijo Sánchez. Hasta la próxima amigos…”